Hablemos de Autismo: en el sistema educativo no hay lugar para todos - Tucumán Noticias - Agencia de Noticias - Diario de Tucumán - Argentina

33 en línea | Año XV | 20/10/2019 | Ediciones Anteriores | Seguinos: facebook twitter youtube Versión móvil

Hablemos de Autismo: en el sistema educativo no hay lugar para todos

Inscribir a un hijo en la escuela resulta común para la mayoría de los padres. Sin embargo, los padres de niños con Autismo, no corren con la misma suerte.
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22/03/2019 18:09

La falta de visibilización del problema hace que la sociedad desconozca las situaciones que les toca atravesar. Desconocimiento, miedo, falta de preparación de las instituciones y los profesionales, y/o falta de voluntad, se conjugan y dan como resultado el rechazo que sufren estos niños y sus familias, en el ámbito de la educación común.


A raíz de los casos que surgieron en las redes sociales, padres de niños con Autismo hablaron de esta realidad.



Fabián Rivas, papá de Lucía, de 9 años

Lucia está próxima a cumplir nueve años. Es alumna del colegio Hermanas Esclavas, desde jardín de cuatro. Desde muy pequeña, asiste a diversas terapias que la ayudaron a desenvolverse en los distintos ámbitos en los que se mueve.



Los comienzos fueron duros para la familia, ya que tuvieron que recorrer un largo camino hasta dar con el diagnóstico de la niña. Una vez conseguido llegó para ellos cierta ´tranquilidad’ de saber a lo que debían enfrentarse. Enojo, depresión, incertidumbre, fueron algunas de las etapas que debieron superar hasta llegar a la aceptación.



“En el colegio –destaca su papá- tiene un grupo de compañeros hermosos y el colegio tiene mucha apertura, que es algo muy importante, porque esto es un trabajo conjunto entre el equipo interdisciplinario que la ve a ella, el colegio y la familia. Todos aportan al único fin común que es lo mejor para Lucía”.



Siempre está acompañada por su maestra integradora, nexo entre el equipo que la atiende y la escuela. “Ella va todos los días con su maestra integradora o ‘sombra’. La idea es que, si existe un buen plan de trabajo, la integradora vaya desapareciendo, lo que quiere decir que el niño ha aprendido a valerse por sus propios medios”.



Fabián resalta que su adaptación a la escuela ha sido bastante buena producto de las terapias a las que asistió desde muy pequeña. Con el paso del tiempo, el apoyo de la familia y la ayuda de los profesionales, Lucía tuvo varios avances, por ejemplo, ahora habla y camina, cosas que antes no hacía. “Va saliendo adelante, por eso, el mensaje para los papás es que los chicos pueden”.



Finalmente, advierte que “esto no se trata de depositar a los niños en las escuelas, sino que hay que acompañarlos y ayudarlos”.



La educación especial, común y el futuro universitario

Si bien la idea de los padres es siempre que sus hijos asistan a una escuela común, la realidad es que, más allá de las trabas propias del sistema educativo, son las propias condiciones del Autismo las que, en ciertas ocasiones, también determinan el futuro de las personas con esta condición. “El autismo es un espectro, hay chicos de ambos lados del abanico y otros en el medio. Algunos están en condiciones de ser escolarizados en escuela común porque su grado de autismo se lo permite y habrá otros que están en una franja más aguda del trastorno que, en un comienzo, no pueden ser escolarizados en escuela común, y ese grupo de chicos es el que generalmente asiste a una escuela especial.


Dentro de la escolarización común, un tema no menor para Fabián es el de la maestra integradora. En muchos casos, los niños con Autismo asisten a las escuelas comunes con maestras integradoras, pero su función, según él, no está del todo clara. “El tema de la maestra integradora es otro punto a tratar, ya que, en ciertos colegios, existe la idea de que es la maestra de un niño en particular, pero en realidad es una maestra de ‘apoyo a la educación especial’, lo que quiere decir que apoya a la maestra de grado”.


La llamada escuela especial –explica Fabián- tiene como objetivo brindarles a los niños las herramientas y la preparación necesaria para que puedan dar el paso a la escuela común. Funcionan como ‘trampolín’ hacia la escuela común. “Que reciba educación en escuela especial no quiere decir que toda su escolarización tenga que transitarla allí”.


Pensando en el futuro y en la porción de la sociedad que tiene alguna discapacidad, Fabián sostiene que la universidad tampoco está preparada para recibir a todos los que deseen ingresar, ya que se trata de una casa de ‘altos estudios, y sólo podrán acceder a ellos quienes estén preparados para hacerlo. “La universidad no brinda las herramientas ni los apoyos para que una persona con discapacidad pueda llegar”. Sin embargo, admite que los chicos con discapacidad están logrando, en mayor número, completar sus estudios superiores.


Los padres y el Estado

“Los grupos de padres surgimos como respuesta a las carencias que hay por parte de un Estado que no está del todo presente, de obras sociales que no autorizan las prestaciones y que hay una educación poco inclusiva. Entonces, eso nos obliga a organizarnos y a agruparnos como familias que padecemos estas situaciones en la vida diaria”.



Fabián admite que, aunque no es óptima, la relación que existe entre los padres y el Estado en el abordaje del Autismo, ha avanzado. En los últimos años se han visto cambios en las políticas públicas y el tema Autismo está cada vez más en agenda.


En lo que respecta a la educación, las puertas están abiertas, dice Fabián y agrega que “tenemos contacto con gente del Ministerio de Educación y hay un compromiso para trabajar con este tema desde hace varios años. Formamos parte de mesas de gestión, nos dan la posibilidad de aportar propuestas y están cambiando miradas respecto a capacitaciones docentes, porque cada vez hay más chicos con autismo. Las autoridades del Ministerio se dieron cuenta que no pueden mirar para otro lado respecto a este tema”.



Desde el punto de vista de la salud, Tucumán cuenta con profesionales a los que los padres pueden recurrir, como así también lugares públicos donde se hacen diagnósticos gratis (Hospital Avellaneda y del Este). Fabián considera fundamental la participación activa de los padres en el dictado de las leyes y el trabajo conjunto con los ministerios para que, quienes deban tomar cartas en el asunto, estén al tanto de las necesidades de esta porción de la comunidad.



Pronóstico alentador

Optimista, Fabián sostiene que no hay síntomas de que estos pequeños avances vayan a detenerse, sino, por el contrario, avizora que la aceptación y la inclusión serán cada vez mayor.



“Se le va perdiendo el miedo al ‘cuco’ del autismo. Los chicos están cada vez más preparados y en condiciones de ser escolarizados. A futuro, lo veo alentador, creo que estos casos de rechazos irán reduciéndose”.



Florencia Romero, mamá de Guillermina, de 11 años

Guillermina comenzó su escolaridad a los tres años, cuando todavía no había sido diagnosticada ni mostraba signos típicos del autismo.  En sus comienzos, presentaba ciertas dificultades para lograr sus objetivos, motivo por el cual sus papás, el gabinete y equipos externos que la atendían, deciden que repita jardín de cuatro.



Los problemas de su normal escolaridad comenzaron en el jardín de cinco. “Nuestra intención era llevar una maestra integradora y que se le suprimiera el turno tarde para que ella pudiera hacer actividades extracurriculares”. Sin embargo, aparecieron las negativas del colegio, ya que las no sólo se opusieron a suprimir el turno tarde, sino también a permitir el ingreso de una maestra integradora.



En este continuo de rechazos, los padres y los niños se encuentran con las más diversos obstáculos. Los colegios que les otorgan una cita, pero al momento de ponerse al tanto del trastorno los rechazan; otros muestran ‘empatía’ pero se excusan en que no hay cupos; otros que sostienen que los colegios normales no son para niños atípicos (como se los llama); y los casos más drásticos, en que las autoridades del colegio ni siquiera tienen la deferencia de atender a los padres y lo hacen directamente a través de sus secretarios.



Después de peregrinar por diversas instituciones, Florencia y su hija encontraron lugar, pero no de manera sencilla, claro. La condición para que ‘Guille’ pudiera ser inscrita era que su hermana mayor (que no tiene autismo) vaya al mismo colegio. Florencia accedió, pero luego de un año decidió sacar a su hija mayor y, por esta razón, el colegio ya no quiso recibir a la más chica, argumentando que la institución hacía una 'integración familiar'. “Me llamaba la atención su modelo de integración porque ni siquiera tenían gabinete psicopedagógico. En ese momento mandé cartas documento al colegio, hablé con abogados, pero finalmente me di cuenta que no valía insistir tanto por esa vía en un lugar donde evidentemente no quieren a tu hija. Cualquier asiento disponible en un colegio pierde importancia cuando falta voluntad y vocación”.



Hoy su ‘Guille’ cursa sus estudios en un colegio especial.

 

 



¿Por qué crees que ocurre la exclusión?

Su experiencia le permitió darse cuenta de que no había voluntad de aprender ni de integrar. Además, resalta el desconocimiento, el miedo, la poca formación de los maestros, “porque el autismo es un trastorno para el cual uno tiene que estar preparado. Un chico autista puede ser disruptivo y el maestro tiene que saber estrategias de intervención y enseñanza totalmente diferentes e incluso personalizadas".



Por otro lado, sostiene que vivimos en una sociedad tan acelerada, que muchas veces las personas no ven más allá de sus propios intereses. “Los papás y maestros no se detienen en mostrarle a sus hijos o alumnos, respectivamente, que hay otros que no van al mismo ritmo y que tiene necesidades que requieren de una contención y un apoyo de un par. Lo que atrase la obtención de sus objetivos es un obstáculo. No somos una sociedad inclusiva”.

 


Críticas a las escuelas

Pensando en los daños colaterales que se desprenden del rechazo de los colegios a los niños con autismo, Florencia piensa que no sólo se perjudica a quienes padecen el trastorno, sino también a todo el entorno, ya que están negando al resto de los estudiantes la posibilidad de crecer y desenvolverse en un ambiente de diversidad.



“El colegio, en lugar de trabajar el tema, usarlo para incentivar la solidaridad y empatía en el chico, lo corre porque no forma parte de la normalidad y obstaculiza el normal funcionamiento del colegio. No es lo mismo un chico que crece con un compañero con integración en el aula que otro que crece pensando que el mundo es homogéneo y todos son iguales. Es una oportunidad única para que el chico aprenda que puede estar al lado de una persona que no se maneja igual pero que hace su mayor esfuerzo”.



La ley que no se cumple

A pesar de que existe la resolución N° 311/16, promulgada por el Consejo Federal de Educación; y aunque el artículo 24 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que adquirió jerarquía constitucional en nuestro país en el año 2014 (Ley n°27.044), manifiesta que: 1) “Los Estados Partes reconocen el derecho de las personas con discapacidad a la educación. Con miras a hacer efectivo este derecho sin discriminación y sobre la base de la igualdad de oportunidades, los Estados Partes asegurarán un sistema de educación inclusivo a todos los niveles, así como la enseñanza a lo largo de la vida”, la discriminación hacia chicos con discapacidad en escuelas comunes, siguen siendo moneda corriente.



Esto que habla a las claras de una mala o nula regulación por parte de las autoridades del Ministerio de Educación de la Nación y, en este caso, de la Provincia. Es que las instituciones educativas manejan a su antojo el ingreso o no de los niños con discapacidad a sus instituciones, ya desde el nivel inicial, basándose en excusas que no tienen ningún sustento legal. 



Sólo por citar algunos pasajes de la Resolución CFE N° 311/16, ya en su Anexo I, la misma establece, para el Nivel Inicial, a través del Artículo 19° que: “Todos/as los/as niños/as con discapacidad, en el comienzo de la trayectoria escolar tienen derecho a ser inscritos en Educación Inicial Común, al igual que el resto de la población escolar”.


Mientras que, para el Nivel Primario, mediante el Artículo 23°, manifiesta: “El ingreso de los/as estudiantes con discapacidad, en igualdad de condiciones con los demás, es a los 6 años de edad en el Nivel Primario, tal como lo establecen la Ley de Educación Nacional y la Resolución Nº 174 del CFE”.



¿A qué se debe el no cumplimiento de la ley? ¿Por qué las autoridades no toman cartas en el asunto? Pese a los intentos de Tucumán Noticias, que acudió al Ministerio de Educación de la Provincia para comentar sobre la publicación de la nota, saber cuáles son los motivos de estos rechazos e informarse sobre las estrategias que utilizan en lo que respecta a la escolarización de niños con autismo, las autoridades del área no dieron respuestas ante las consultas. Mientras tanto, miles de niños y sus familias son víctimas de un sistema educativo que, lejos de incluirlos, los excluyen y les niegan sus derecho.

 

 



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